Responsabilización y situación de calle: reflexiones desde una Feria de Servicios

El día sábado 2 de junio se llevó a cabo la 21° Feria de Servicios para Personas en Situación de Calle, la cual tuvo como título “La responsabilización personal y ciudadana: conmigo y con l@s otr@s”. Aquí una reflexión sobre esta actividad, escrita por Claudia Reyes Coll, participante de la Escuela de Voluntariado y pasante de Antropología del Programa Vía Solidaria.

El día sábado 2 de junio se llevó a cabo la Feria de Servicios número 21 de la Fundación, y que además se posicionó como el fin de la primera Escuela de Voluntariado Especializado. Ese curso taller tuvo como eje central el enseñarnos a cómo ser voluntario de forma profesional, entre ello, el motivar y tratar con las personas sin caer en el asistencialismo, sino responsabilizando y creando conciencia en que si bien existió un pasado donde pudo haber equivocaciones se puede salir adelante a partir de sus propias motivaciones. Fue por esto que se acordó dicho título para la feria (“Responsabilización”), y aplicamos lo aprendido respecto a la entrevista motivacional, vista de forma teórica y práctica en las últimas sesiones del curso.

La experiencia de la Feria fue super gratificante. Pudimos entregarle una mañana diferente a sus asistentes, donde ellos eran sin duda los protagonistas. Pero lo más importante, los empoderamos para que, ellos mismos se vieran como personas y tuviesen conciencia de que el cambio era y es responsabilidad de cada uno.

La Feria fue posible sin duda gracias a la Fundación Gente de la Calle y todos sus funcionarios, junto a ellos la labor de los voluntarios fue sin duda fundamental para poner en marcha cada uno de los servicios, los cuales se describirán brevemente a continuación.

De la teoría a la acción

Se comenzó en la mañana con las sopaipillas. Fue ahí donde se lucieron dos voluntarios, que frieron alrededor de 500 sopaipillas; tarea no menor, más aún considerando la hora que llegaron en un día tan frío.

Era un equipo muy organizado: algunos velaban por la fila que se instalaba afuera de la casa, y voluntarias y colaboradoras de la entrada tenían sus lápices listos para inscribir a cada uno de los usuarios que luego serían identificados con un papel que contenía su nombre, para así hacer más fácil el trato entre todos.

Dentro de la Feria habían distintas actividades. En la entrada estaba el desayuno, las voluntarias les servían té o café a los asistentes y habían sopaipillas para todo el que quisiese. Avanzando hacia adentro estaban los chalecos, que se juntaron gracias a una campaña muy exitosa por un equipo de jóvenes solidarios y preocupados por la problemática de la calle. Ellos repartían chalequitos para enfrentar este frío que iban acompañados por bonitos mensajes, y también se les hacía entrega de un pantalón.

Personalmente estuve registrando los turnos para peluquería. Atendimos entre 55 y 60 personas desde las 10 de la mañana hasta las 15 horas de la tarde. Lo más entretenido para mi fue ver el cambio de cada uno de los usuarios: entraban chascones y salían caballeros con estilo, todo gracias al equipo de profesionales pertenecientes a “Barberos solidarios”.

Hablé con muchos asistentes. La fila fue un lugar de encuentro e inquietud, pues todos esperaban su turno para el cambio de look, pero sin duda fue un espacio de aprendizaje y comprensión. Allí me comentaban de sus vidas, de sus vicios y de cómo algunos problemas hacen creer que no existe vuelta atrás. Sin embargo, estos hombres y mujeres que habitan el frío del asfalto demostraron mucho coraje y fortaleza al estar ahí, darse cuenta de sus problemas, e intentar realizar un cambio.

Un hecho me llamó considerablemente la atención: un señor, mientras esperaba, me decía “tía, ya po’, cuánto falta”, a lo que le respondí que no me dijera tía, porque éramos iguales y me podía tratar por mi nombre. Él contesto que no, “no somos iguales porque usted llega todos los días a dormir bajo un techo y en un rico colchón”; le dije que más allá de las condiciones materiales de cada uno ambos éramos personas. Es cierto que vivimos distintas realidades, pero ellas no jerarquizan a las personas.

Pero cabe destacar que no todo era tristeza y lamento. Hablamos de gustos, de lugares que habíamos visitado y nos gustaban, de comidas ricas, de nuestros amigos, y ahí fue que les pregunté que a quiénes consideraban como su apoyo más importante, y me mostraban a sus amigos, relaciones que se crean en la calle y que son el gran sostén de muchos, donde encuentran apoyo, cariño, alegrías y tantas cosas.

El cambio de look iba acompañado de un boom a la autoestima, debido a que se veían mucho mejor por fuera y algo se les revitalizaba por dentro. Y es que ese gesto de mejorar su apariencia física era tan rejuvenecedor, que era como botar cosas (pelo, en este caso), dejarlas en el pasado y avanzar.

Continuando con los servicios estaban los voluntarios encargados de las duchas, labor no menor considerando la cantidad de asistentes. A veces el tiempo de espera es muy polémico y la impaciencia es el peor enemigo, pero todo fluyó y se pudo concretar la ducha de muchos asistentes.

En el “alero” había un papelógrafo donde se pegaban partes de un panal con cosas que los usuarios quisiesen cambiar. Al lado estaba en qué fase se encontraban respecto a su cambio, y al lado de ello, cuál era su objetivo final. Esto fue muy ilustrativo y sin duda enriquecedor tanto para los voluntarios como para los usuarios, debido a que tener instancias para poder reflexionar en cuanto a los cambios y objetivos a lograr, acompañado por un monitor, es sumamente importante en el proceso de cambio.

En este mismo lugar se llevó a cabo un grupo de discusión, donde los participantes se empoderaron de sus pensamientos para alzar la voz y opinar de temas en relación con su condición de calle. A su vez, en una parte de la sala también se llevó a cabo un taller de dibujo a cargo de los jóvenes de la campaña “Chalecos a la calle”.

En todo momento tuvimos la oportunidad de relacionarnos y poder compartir ideas, pensamientos, historias y anécdotas.

Luego de ello, y previo al almuerzo, comenzó la entrega de certificación por nuestro curso taller. Lo más significativo fue que distintos asistentes nos entregaron el diploma y un abrazo. Fue sin duda la mejor idea, debido a que por quienes estábamos y realizábamos el voluntariado era por ellos.

Después se sirvió el almuerzo, un rico plato de porotos hecho por un grupo de voluntarios con grandes habilidades culinarias. Voluntarios y voluntarias comenzaron a servir este, se ordenaron por grupos para cada mesa con el fin de que nuestros comensales disfrutaran de un buen almuerzo.

Dignificar y humanizar

Es un pequeño resumen de los servicios prestados en esta Feria. Sin embargo, considero que el mejor servicio que poseemos es la capacidad de alteridad, de ponernos en el lugar del otro y empatizar con él o ella, de escuchar, de no juzgar, de dar una mano amiga a un desconocido, de corresponder una sonrisa con otra, de mirar a nuestro alrededor y ser capaces de ver las desigualdades e injusticias de las que todos somos víctimas pero donde algunos están peor posicionados, y ayudar no desde la caridad, sino que desde la horizontalidad que merecemos todos solo por nuestra calidad de ser persona.

Las últimas semanas, sin duda, el clima nos sorprendió. Las bajas temperaturas llegaron a un nivel que no esperábamos, y menos aún estábamos preparados. Ello se reflejó en la muerte de tres personas, potenciales usuarios de las Ferias de Servicios, personas que jamás podremos conocer, que jamás podremos ayudar. Tres personas que no tuvieron la oportunidad de salir de su condición, que fueron víctimas de un sistema excluyente, incompetente e incapaz de hacer frente a la vulnerabilidad; sujetos que como todo humano tomaron decisiones, fuesen buenas o malas, pero que jamás por ello perdieron su condición de persona, y es importante señalarlo porque para quienes nos hemos dado cuenta que debemos hacer frente a las problemáticas de inclusión y vulnerabilidad es significativo visibilizar a la gente que vive en la calle como personas y no como parte de un paisaje de exclusión que se ve y no se enfrenta.

Es por ello que el llamado es a continuar con nuestro pequeño granito de arena para dignificar y humanizar a la sociedad respecto a las personas que no han tenido las mismas oportunidades y, por ende, posibilidades de salir adelante, que hoy habitan en la calle, que hoy están muriendo de frío.

 

  • Revisa la nota de la 21° Feria de Servicios para Personas en Situación de Calle en este link:

Concluyó primera escuela de voluntariado especializado con realización de la 21° Feria de Servicios

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