Rucos en la Ruta 68: Un día en terreno con el Programa Vía Solidaria de la Fundación Gente de la Calle

Cada dos meses la Fundación realiza un catastro de personas en situación de calle que duermen a un costado de la Ruta 68: Entrega información sobre albergues e intenta atenderlos o derivarlos a servicios de asistencia. Lee la nota a modo de crónica.

*Los nombres de las personas en situación de calle han sido moficados.

Son las 9 de la mañana del segundo jueves de junio del año 2018. Patricia Valenzuela y Maureen Henríquez– del Programa Vía Solidaria de la Fundación- se reúnen afuera de la Estación de Metro Barrancas, en la comuna de Lo Prado. Las recoge el Supervisor de Mantención R-68, Jean Sirey de VíasChile; empresa que administra la autopista, y con quien la institución mantiene un sólido convenio de trabajo desde el año 2013.

Comenzamos a la altura del kilómetro 0.5 bajo un sol que cumple solo con iluminar. La tierra que bordea la carretera sigue mojada por las lluvias de días previos. Un grado la mínima y 16° la máxima, informaron por la radio, y hasta ayer, el medio lanacion.cl ya estimaba 8 muertes de personas en situación de calle: A nivel nacional y por presunta hipotermia.

Resulta curioso que al mirar con atención la ruta, la cantidad de rucos escondidos parece multiplicarse. Se los ve ahora entre matorrales, entre laderas accidentadas y peladeros, debajo de árboles y pasarelas. Incluso en zanjas humedas y hasta pantanosas. “Mira aquí, este parece un sitio arqueológico” comenta Patricia Valenzuela -coordinadora del Programa Vía Solidaria- mientras, intenta esquivar los escombros de camino al ruco, a veces sin lograrlo.

Tras la ventana de un “Transantiago” un pasajero voltea a ver como el equipo en terreno salta las barreras de la carretera; atravesando micro basurales para llegar a los primeros rucos en la autopista. “Ha disminuido el número de ellos”, concluirá más tarde Maureen Henríquez -trabajadora social de la Fundación- puesto que tanto la concesionaria de la autopista como el Estado tiene la obligación de ir asegurando estos lugares, retirando los refugios precarizados y la basura. “Trabajo no falta” se comenta, mientras se siguen evadiendo los charcos y los palos con clavos.

Vecinos de Pudahuel y Lo Prado

“Ya Marcelo. Nosotras vamos a pasar la otra semana con más tiempo, para hablarte sobre las posibilidades de ingreso al programa”, le dice Patricia al hombre de no más de 35 años, que con amabilidad las recibió a las afueras de su ruco. “El promedio de edad de la gente en situación de calle de acá es más o menos esa (35)”, confirma Patricia.

Marcelo lleva años viviendo en la calle, aunque es oriundo de “por ahí mismo, de Pudahuel”. “De vez en cuando veo a mi familia”, va relatando; al momento que juguetea con un cachorro querendón que le hace gracias. “Soy panadero y pastelero. Por cosas de la vida estoy en la calle. Llegué a cuarto básico”, agrega con una sonrisa tan sincera como resignada.

Medio kilómetro antes estaba don Pedro. “Llevo 8 meses en calle. Soy maestro tubero. Por problemas familiares y laborales tuve que irme de la casa. Primera vez que estoy en la calle”, le cuenta a Maureen y a Patricia. De su ruco -con colchones y frazadas mojadas- cuelga un auto de juguete; quizás por nostalgias de padre, o tal vez de hijo. Con todo, don Pedro manifiesta querer “levantarse y arrendar una pieza”, pero apenas sabe de redes de ayuda y su vinculación con la municipalidad es débil.

Don Pedro dice con vehemencia que prefiere estar allí y no en los albergues. Es que la realidad de los albergues, es a veces tanto peor que la misma calle. Se suma a ello, “que los cupos de las residencias y hospederías son insuficientes”, como reconocen desde Vía Solidaria. Además, agrega Patricia: “Hay grupos que ni siquiera tienen opciones de albergues. Es el caso de parejas en calle y población trans en calle.

“Nosotros queremos avanzar en el tema de acceso y justicia para ellos, pero sobre todo, se necesita que los actores competentes –como municipio y otros servicios del Estado- cambien la mirada, y sean innovadores en su respuesta, atendiendo a las distintas complejidades”, declaran las profesionales a cargo del programa.

La señora Ana aduce estar de visita en el ruco de su pareja, ubicado ahora en una zanja. Según el catastro anterior que traen consigo las profesionales, la visita llevaría un buen tiempo. La confianza en las instituciones es algo que se recupera lentamente…

De pocas palabras y tan amable como desorientada, la señora Ana (de unos cuarenta años) escucha sin preocuparse demasiado que su ruco –de surtidos ambientes- se encuentra en lo que fue y seguramente volverá a ser, un riachuelo de la ciudad.

En tanto, la Fundación cree que las situaciones que llevan a Ana y a su pareja a estar en un sitio tan peligroso son variopintas, pero definibles. Es decir se pueden abordar, por ejemplo, bajo el modelo de incidencia social y acompañamiento, que ha tomando cada vez más forma en la institución.

Trabajo con la autopista, con la U. de Chile, con municipios y autoridades.

Hacia el medio día, los ladridos de un perro viejo, una perrita y sus cachorros reciben a las visitantes de la Fundación Gente de la Calle, con ladridos primero, con langüetazos después. Son las mascotas de Cristian al parecer; otro hombre de 35 que dice llevar toda su vida en calle.

La gente en situación de calle se desplaza a las autopistas irónicamente por seguridad. Es ahí que junto a sus mascotas, intentan sobrevivir lejos de robos y abusos del día a día; más “comunes” en la ciudad. No obstante, a todas luces este no es un lugar seguro y ha sido, según Maureen, escenario de situaciones muy complejas, donde se han agudizado las vulnerabilidades.

Aun bajo el cuidado de los perros, para Cristian no parece haber lugares seguros, y ante las limitadas alternativas y los insuficientes cupos de albergues, residencias y hospederías- que además cuentan con escasos recursos- es necesario ponerse creativos, han dicho desde el programa.

El convenio con VíasChile consiste, según resume Patricia, en implementar una serie de servicios de atención, de acompañamiento y derivación a personas en situación de calle alojadas en la autopista. Y a partir de estas experiencias, ir armando y promoviendo formas eficaces e innovadoras para dar respuesta al problema, para dar respuesta a las personas.

En ese sentido, desde abril del presente año y hasta noviembre aproximadamente, la Fundación Gente de la Calle se mantendrá trabajando de par a par con el Núcleo de Innovación de la Universidad de Chile, para sistematizar, evaluar, enriquecer y en definitiva “ir armando el Modelo de Innovación e Incidencia Política para la Erradicación de la Situación de Calle”, según precisa la coordinadora del Programa Vía Solidaria.

Por último, se le están “echando fichas” a las mesas de trabajo territorial. La mesa de la Ruta-68 que reúne a la Fundación Gente de la Calle; a VíasChile; a la Inspección Fiscal del Ministerio de Obras Publicas (MOP); al Área de Integración Comunitaria de Carabineros de la comuna de Pudahuel; y a trabajadores sociales de la municipalidad de Lo Padro y Pudahuel, constituye una plataforma de coordinación, sensibilización y proyección de un trabajo tan estratégico como comprometido con la dignidad de las personas.