Sacándole el jugo a los talleres para adulto mayor en la Fundación Gente de la Calle

Cada semana la Residencia de Adultos Mayores Franklin refuerza actividades de aprendizaje significativo, aprovechando las inquietudes de trabajadores y trabajadoras, de usuarios, de practicantes, y de voluntarios y voluntarias.

Estas instancias -varias veces facilitadas por practicantes y voluntarias-, guardan un estilo distintivo que adhiere tanto al modelo de trabajo de la casa, como a la cultura y valores de la Fundación.

En el cálido comedor de la residencia ubicada en la comuna de Santiago, este jueves 24 de mayo se desarrolló la octava sesión del taller de yoga y la cuarta de sexualidad: Espacios destinados a estimular física y mentalmente acciones de autocuidado y de autoaprendizaje en los adultos mayores.

Aprendizaje como experiencia dignificante

Inspirados por ideas básicas de reconocidos pensadores latinoamericanos como Paulo Freire y Humberto Maturana –según expresa la coordinadora de la casa, Jacqueline Rodríguez- los talleres rescatan el respeto por la capacidades y conocimientos del adulto mayor, en un sentido de horizontalidad y compañía afectuosa.

Así, se comienza a hablar de talleristas facilitadores y no de talleristas profesores, poniendo el cariño y el buen trato primero.

De esta forma, la primera característica de las sesiones es la mística de un ambiente relajado y cordial: que facilita la discusión de temas sensibles: tabúes de antaño y prejuicios a derrumbar. Con ello -advierten los participantes-, se cumple el objetivo de reforzar la comunidad, renovar energías y esperanzas para continuar proyectos de vida que alguna vez fueron postergados en su paso por la situación de calle.

“El énfasis lo ponemos en que ellos nos compartan sus historias y experiencias de vida”, indicó Jacqueline Rodríguez, y agregó que “eso (se dialoga), en base a los conocimientos nuevos que se han ido revisando. Por ejemplo, lo que se ha hecho aquí, en el taller de sexualidad”.

Los alcances de aprender y vincularse

Algunos participantes resaltaron que, muchas veces, problemas familiares o personales, destacando viudez, abandono, depresión, alcoholismo, drogas o analfabetismo, terminan por minar sus proyectos de vida, socavándose a veces su afición por aprender y mejorar en distintos ámbitos de la vida.

Don José Parra (67), que antes estuvo en situación de calle, actualmente es trabajador de la Residencia Franklin y también participa activamente de los talleres. Él adujo que “nosotros, como personas de edad, muchas veces rehuimos ciertas cosas. Por eso, a mí el taller (de sexualidad) me ha gustado mucho”.

Y agregó, “yo pienso que los seres de esta edad todavía tenemos cualidades suficientes para poder tener otra pareja, enamorarnos o tener hijos. ¡Podemos! No tenemos por qué pensar que se nos acabó la carrera. A uno se le acaba todo cuando se muere”, concluyó.

Por su parte, don Sergio Guajardo (74) –que participó en ambos talleres- contó que aprendió a leer y a escribir recién el 2010 -justamente gracias a otra Fundación- y que ahora, al desenvolverse más, le gusta seguir aprendiendo y mantenerse activo. “Para mi es constructivo (…) por eso voy a todos los talleres, porque aprendo más, y después le converso a mi amiga sin compromiso que tengo”, comentó.

La comunidad de Franklin

Según concordó Jacqueline Rodríguez, estos espacios también aportan dinamismo al encuentro entre trabajadores y usuarios. “Nos ayuda muchísimo, porque primero nos muestra quiénes somos, cómo somos y qué pensamos de ciertos temas. Eso nos ayuda también a valorar al otro” y agregó: “Nosotros somos una comunidad. Una donde los trabajadores somos participes de la historia del usuario, y ellos, participes de la nuestra”.

Don José Parra, complementó diciendo que “la libertad que hay aquí es absoluta, puedes entrar y salir a la hora que uno quiera y que solo hay que ser responsable. Acá nunca se va a golpear o garabatear a una persona. Nunca se maltrata ni psicológica ni físicamente, porque se sabe que ya una persona de edad cambia su manera de ser, o sea, se pone “odioso” o vive su proceso. Por eso acá nos entendemos muy bien”.

Finalmente, Carolina Luengo -estudiante en práctica de la Universidad SEK, de la carrera de Trabajo Social y facilitadora del Taller de Sexualidad-, mencionó que tuvo un muy buen recibimiento de parte de las personas, “no simplemente en los talleres sino también en lo cotidiano de la casa” indicó, y remató diciendo que “lo ideal, sería que siempre hubiera gente viniendo y nutriéndolos, y que las personas que vengan se vayan con algo grato, porque pudieron entregar y pudieron recibir algo de la gente de acá, de los adultos mayores de la casa”.

 

*Queda recoger las impresiones de una serie de otros talleres que se han estado implementando (Literatura y Feminismo) y otros, que se van a implementar…